Nunca me gustó Apple. Siempre me pareció que sus productos estaban pensados para snobs pijeras amariconados (si se puede hablar así en horario infantil). Nunca me gustó hasta que vi los nuevos macbooks. Como decía aquel, WOW.

Y ahora soy un manzanero. Mil y pico euros más pobre, pero manzanero.
La compra no ha sido por capricho: mi maltrecho portátil, un acer (marca que no le recomiendo a nadie, son baratos pero muy malos) de hacer 3 años y pico, llevaba ya un tiempo petardeando: que si el usb, que si una línea en la pantalla, que si la grabadora de dvd… y al final, evidentemente, pasó lo que tenía que pasar. El relojito interno que llevan todos los aparatos electrónicos hoy día terminó su cuenta atrás con un *puf* Y adiós pantalla. Y adiós gráfica. Con todos mis documentos y mis cosas realmente importantes dentro. Con prácticas que hacer. Afortunadamente, el disco no parece dañado, así que espero poder volcar los datos en mi NUEVO Y FLAMANTE portátil manzanero.
¿Y por qué un macbook? se preguntarán algunos. ¿Por qué gastarse mucho más dinero en un ordenador para pijos? ¿No va en contra de tus principios?
Pues un poco sí, pero puestos a hacer un desembolso, he sopesado las opciones y merece la pena pagar más por mejor hardware, mejor construcción y solidez, y en definitiva, por algo que me vaya a durar más de 3 años. Espero. Porque si no me voy a cabrear con alguien. Así que aquí me hallo, acostumbrándome a este extraño sistema operativo, a este extraño teclado con símbolos raros en vez de las teclas de toda la vida, a todos estos programas que empiezan por “i”, pero sobre todo a la enorme calidad y robustez de este bichito. Pesa más de lo que uno se espera, pero es un precio que hay que pagar por su resistencia. Después de haber palpado un nuevo macbook, el resto de los portátiles parecen endebles y entenguerengues. Eso ha sido, en definitiva, lo que me ha hecho decidirme por él. Que es duro de cojones. Y además, el chico de Benotac me lo ha vendido muy bien, y entre eso y que yo ya iba con la idea haciéndome cosquillas detrás de la oreja… No me podío resistí!
Ahora lo que toca es la etapa de aprendizaje, porque ya que tengo (y que he pagado por él) este curioso sistema operativo, tendré que usarlo. Por lo menos hasta que me lleguen los cds de Ubuntu 8.10 y convierta este ordenador en una bestia parda: el mejor hardware con el mejor software. Y que digan lo que quieran los fanboys de Apple.
Lo que más destacaría, en esta primera impresión, sin duda es la impecable presentación, la ausencia de pegatinas molestas tipo “Designed for windows talycual”, “NVIDIA noséqué”, etc. en el cuerpo del portátil (parece una tontería, pero es algo que me saca de quicio), y sobre todo el pulsador, el trackpad. Llevo desde que lo he abierto jugueteando con él, con todas sus posibilidades y configuraciones. Un dedo, dos dedos, tres dedos, cuatro dedos. Escritorio, ampliar, girar, reducir. Y los detalles: el adaptador de corriente magnético, los pilotos inexistentes hasta que se encienden, los altavoces invisibles, el marco negro de la pantalla… Tan sólo le he encontrado un gran fallo: No lleva lector de tarjetas, todo un atraso tal como está el mundo hoy día. Yo hubiera cambiado gustosamente la unidad de DVD por un multilector. Unidad de DVD, dicho sea de paso, por la que me han cascao 3.40 euros en concepto de canon, algo que cuando lo he visto en la factura me ha hecho enfurecer, y no poco. Sobre todo porque probablemente no la use jamás.
Teclas raras. Falta el supr. Vale, es fn + borrar. Sobra el cmd. Raro, raro. Fashion, pero raro. Y duro. Como empiezo a desvariar, mejor será que deje de escribir y me dedique a seguir investigando.
¡Saludos manzaneros!