El otro día, en mi repaso rutinario por la blogosfera murciana, me topé con un muy interesante post de Antícanis (ese que iba conmigo en el tren y se tuvo que acercar a mí a preguntarme oye, tú tenías un blog, ¿no? porque estaba tan sumamente empanado que no me enteraba ni de dónde estaba :-P) en el que hablaba, como siempre que se habla del tema de internet en España, para quejarse. Y no es para menos, y tiene toda la razón del mundo, pero lo que me encantó del post en cuestión es la siguiente comparación que escribía al principio:
Imagínate que vas a comprar, te cobran 3 euros el cartucho de castañas y te dicen que un cartucho trae “hasta 12 castañas”: Lo mismo dos, lo mismo seis… pero hasta 12. ¿Qué pensaríais?
La idea me pareció graciosísima, y creo que se le puede sacar mucho más partido. El tema no es que te vendan hasta 6 castañas. El tema es el siguiente:
Tú estás harto de ver por todos lados anuncios que hablan de las mejores castañas, grandes, crujientes, sabrosas, y un día decides echar un ojo al puesto a ver qué pinta tienen. Para empezar, tú no ves las castañas, ni el fuego donde las hacen, sino sólo una señorita (sudamericana normalmente) a la que se le ponen los ojos golosos cuando te ve acercarte en tu imprudencia. Tímido, preguntas por el producto, por el precio y esas cosas, y antes de que te puedas dar cuenta ya has comprado un cucurucho. Realmente no sabes si en algún momento has dicho sí, quiero uno, pero bueno, tenías ganas de castañas y por 3 euros no pasa nada. La chica se excusa diciendo que te las va a preparar y desaparece. Nunca jamás la volverás a ver.
Tras un largo rato, aparece otro empleado (esta vez un chico) que lleva en la mano un deforme y grasiento cucurucho de papel de periódico. Tú, mosqueado, preguntas que por qué es de papel de periódico si en el anuncio sale un reluciente papel de estraza. Por lo visto para no pringarse las manos y tener un cucurucho en condiciones hay que pagar bastante más, pero nadie te lo había dicho y no tienes ganas de empezar ahora a discutir, así que te abres camino con tus castañas.
Y la sorpresa llega cuando, en vez de las jugosas, grandes y crujientes 12 castañas que se ven en la publicidad tienes 6, la mayoría pequeñujas y las grandes medio crudas. Furioso, te vuelves al puesto y le increpas al encargado (otro chico distinto del anterior) por qué las castañas más grandes y sabrosas están crudas. La respuesta te parece ridícula: “Es que hemos priorizado el fuego para que las pequeñas, que son las importantes se hagan bien y podamos servir castañas todo el día con una sola bombona de butano. Es política de la empresa gracias hasta luego”. Y ya se ha pirado. Otra señorita te aguanta estoicamente reprenderla por haberte dado la mitad de castañas que marcaba la publicidad, pero te hace ver que en la publicidad pone (eso sí, bien pequeñito) hasta doce castañas reales (¿las otras te las inventas tú o qué?), que ella no puede hacer nada, y se larga. Para colmo, te dicen que sí, que pueden devolverte el dinero, pero que es un proceso largo que implica un papeleo enorme, gestiones en los cinco continentes, y que vas a tener que presentar hasta el carnet del club Bollycao. Te recita la lista de documentos que tienes que presentar y sugiere que los eches en el buzón.
Aunque lo que te señala como buzón sea un puto cubo de basura, pero ella te asegura que lo leen.
Así que, triste y desconsolado, te vas de allí y empiezas a comerte tus castañas. La primera tiene gusano, vamos bien. Las otras más o menos se pueden comer, pero aún así, cada vez que ves por la calle un cartel de publicidad te dan ganas de tirarle las cáscaras. En la acera de enfrente, otro puesto anuncia a bombo y platillo las mejores y más sabrosas castañas a mitad de precio, pero tú ya no te crees nada. Caminas a casa confiando en disfrutar como puedas del indigesto manjar por el que te han timado, y aún no sabes cómo.
Esta pequeña historia puede parecer desoladora, pero los proveedores de internet en España (no sé en el resto de países, supongo que no les irán a la zaga) funcionan así. O empezamos a movernos los usuarios, o seguirán tomándonos el pelo por muuuchos años. Y me da a mí que los usuarios no somos de movernos mucho…
¡Saludos!