Leo esta mañana en La Opinión que los autobuses de línea de la Región (de Murcia, se entiende) van a ser gratuitos todos los domingos de Junio. Pues mira qué bien, exclama uno, ya no tengo excusa para no ir a la playa o a Jumilla a tomarme un vinillo. Además, así a lo mejor conseguimos que la gente se acostumbre a usar el transporte público y se deje ya de comprar el pan en coche. Pero luego uno se apura el café, le pega el último bocado a la tostada, y entonces se pone a pensar… ¿de verdad es esto una buena idea?
He aquí mi pronóstico de lo que va a ocurrir si la mayoría de la gente se entera de la oferta (y cuando se trata de cosas gratis, aquí hasta el más tonto hace relojes), desde tres perspectivas diferentes. DISCLAIMER: Todo esto es en clave humorístico-ácida, derivado de mis maravillosas experiencias con el transporte público en todas sus variedades.
Personajes:
1 – El brik… El chavalete de 20 y pocos años (que seguramente trabaja pero no gana 1000 euros) con un Bolcsbaguen Golfo desde los 18 y al que poco a poco se le está olvidando cómo se anda, pero va al gimnasio varias veces por semana. Se entera de la movida esa de los autobuses y decide irse a pasar el domingo con su churri a la playa.
2 – El honrado padre de familia con mujer, perrico y dos hijos que se entera de esto leyendo el Marca y, tras comentarlo en casa, se ve obligado a planificar un domingo playero, le guste o no.
3 – El estudiante que, como el nene, no tiene carnet de conducir ni vehículo propio, y que por tanto, depende del transporte público o de sus compañeros motorizados caritativos, que lleva deseando que empiece el buen tiempo para pasar algún día en la playuja.
Quizá no sean los perfiles más representativos de la sociedad actual, pero son bastante gráficos. He aquí lo que sucederá cuando, este domingo, se dirijan a la estación de autobuses a coger el Giménez García cochambroso de turno que los tenga que llevar a la Manga (o lo que sea).

Y aquí los buses no eran gratis, con lo que….
1 – Tras llegar en coche a la estación y aparcar donde los taxis, el chavalete se encuentra con que la última vez que vio tanta gente junta delante de una ventanilla fue cuando… bueno, la verdad es que ni se acuerda (Algo así como cuando se supo que al entrar en vigor el CTE obligaría a los promotores de viviendas a montar instalaciones para energía solar; se montaron unas de agüita en las ventanillas de urbanismo para que no les pillara el toro). Con las mismas, y viendo que cuando lo vayan a atender ya se le ha pasao la hora de la marinera, se monta en el coche y enfila a la playa, emitiendo 200 g/Km de CO2.
2 – A ver quién le dice que no a los hijos después de llevarlos equipados con bañador, pelota de Nivea, y gafas de bucear… por la calle. El calor reinante en la estación de autobuses un domingo de junio, avivado por la aglomeración provoca una lipotimia a la madre de familia, dando al padre la excusa perfecta para no tener que malgastar varias horas de su vida esperando un trozo de papel con un número. Los niños lloran y se quedan sin playa. El padre suspira de nuevo, y se compra el Marca.
3 – Con el bañador debajo de los pantalones poniendo en peligro su virilidad, y los bambos por cualquier chancla, el nene llega a la estación de autobuses de la mano de su neverita de Estrella Levante y se encuentra… que toda la gente que no tenía pensado salir de su casa así cayeran bombas está haciendo cola delante de una señorita que ni se podía imaginar que cabía tanta gente en la estación de autobuses. Para colmo, a mitad de la cola, se acaba el papel térmico de la impresora y los billetes pasan a ser trozos de papel higiénico con el sello de la empresa. Cuando tan solo quedaban 5 o 6 personas en cola, se acaban los billetes. ¿Pero cómo que se acaban, señorita? -Sí, ya no cabe más gente. -Pues pongan otro autobús, es su obligación si yo quiero viajar, ¿no? Ante las pobres excusas de la señorita, que con boca pequeña acierta a decir es lo que ha dicho mi jefe, que si no perdemos dinero… comienzan los gritos en la cola, revuelta social, agitación ska y cuando menos te lo esperas los contenedores de al lado de la estación están ardiendo y los coches volcados al grito de ¡¡Queremos playa gratis!!. Se declara el estado de excepción y la consejería aprovecha para subir el precio de todos los transportes públicos más todavía, alegando que como los domingos es gratis…
Evidentemente todo esto es pura ficción cinematográfica-almodovaresca, y no va a ocurrir (espero). Pero algo me dice que va a ser difícil coger un bus los domingos de este mes. Y que los grandes perjudicados vamos a ser los de siempre. Como siempre.
¡Saludos! Y recuerden: usen transporte público siempre que puedan. A veces, hasta las cosas salen bien, y todo.