Y llegó el metal
Tiene que ver con eventos, música. Perpetrado por Daikrieg el 5-06-2011 – Algo han dichoPartiendo de la base de que mis dos últimas experiencias festivaleras fueron las dos últimas ediciones de Wacken Open Air, el mayor festival de heavy metal del mundo [cita requerida], y que a ambos fui con un importante contingente de amigos sedientos de alcohol y fiesta, uno no sabría muy bien qué esperar de un festival pequeñito, casero, más alemán, y al que voy con apenas un par de personas. Desde luego no tanta buena gente, y a la vez tanto personaje junto. Ni tanta chica (normalmente la presencia femenina en festivales de metal está muy lejos de la paridad), persona mayor ni niños pequeños. En conjunto, pudiera llamarse un festival de andar por casa, evientemente con toda la infraestructura y organización que uno esperaría de este país. O bueno, casi, 14 duchas para todo el festival podría verse en un principio como una estimación un poquito escasa, aunque luego en la realidad se mostraran suficientes. Sí, ya se sabe, los alemanes y su difuso concepto de la higiene. En cualquier caso, detalles reveladores como conciertos empezando a las 11 de la mañana y terminando el domingo a las 10, poquitas raves por el camping, o las clásicas muestras de la buena fea teutona (léase zona de acampada vallada por todos los lados menos por uno y retretes de pago en los que apenas se controlaba el acceso) hacían en todo momento por recordarte dónde estabas.
Crowdsurfing con casco militar y varita de hada, el pan de cada día en Alemania
Reafirmé, asimismo, el concepto que ya tenía del Einwegcamp, o camping de un solo uso, ya que al final del festival fueron muchísimos los ingenios de la Bauhaus de fin de semana que acabaron en ruinas, cuando no quemados o destrozados por diversión. Y si desde luego hay algo que los alemanes aman casi tanto como ir a un festival con un cargamento de cerveza, es ir a un festival con un cargamento de carne. Probablemente ha habido más barbacoas que toallas en ese camping este fin de semana, de todas las marcas, modelos y precios, y en cualquier momento y lugar llegaba a la nariz el delicioso aroma del animal muerto a la brasa.
Anécdotas, como siempre, miles: Desde Angela Gossow equivocándose y dando las buenas noches a la cercana ciudad de Leipzig al empezar el concierto, o Pekka Kokko abriendo con un Hola, Finlandia del Sur, hasta las auténticas muestras de originalidad en la vestimenta, los gigantes en kilt que se acercaban por el camping recomendando el concierto de sus amigos (de este no hay foto), o la mirada de sorpresa al escuchar a alguien hablando en español junto a ti y tardar un momento en asumir que eso no es tan normal como pudiera parecer. Cuando las colas de entrada al festival se hacían eternas, no faltaban los cánticos de Hemos pagado, queremos ver algo o Die Mauer muss weg (El muro debe caer), en referencia evidentemente al antiguo Muro de Berlín.
En cuanto a los conciertos, sorprendió (y mucho) el Grindcore, con Milking the Goatmachine y Excrementory Grindfuckers dando espectáculos muy divertidos para un sufrido público que aguantaba como podía el tremendo calor, la polvareda y el aire seco. Amorphis tuvieron probablemente el mejor sonido, lo cual, junto al gran concierto que dieron, me ha hecho volver a escucharlos día y noche. Sonido el del festival que, en general, dejó bastante que desear, y cuya calidad variaba mucho dependiendo de en qué parte se estuviera situado. En grupos como Kalmah o Arkona, además, los instrumentos secundarios (teclado, flauta, etc.) casi no se oían, lo que deslució sobremanera las actuaciones.
Fuego: el séptimo miembro de Sabaton
Pero pocos grupos (por no decir ninguno) defraudaron. Joakim Brodén se mostró como un tremendo frontman que, junto al espectáculo de fuego y luces que traía Sabaton y la fuerza que derrocharon en el breve pero intensísimo concierto de cierre del festival, hace entender por qué en casi todas las fechas de su última gira se ha colgado el Sold out en las salas. Concierto que, además, se complementó con la celebración del disco de oro para Coat of Arms solo por sus ventas en Polonia, y que los miembros del grupo recibieron en el escenario entre alegría y algo de vergüenza. Joakim prometió que esta noche la recordaré dentro de 10 años; no sé hasta qué punto será eso cierto, pero del tremendo público que tuvieron no tendrán ocasión de quejarse. Desde luego, yo sí que recordaré esa noche dentro de 10 años.
Y poco más se puede contar de tan intenso fin de semana. La vida sigue aquí en Dresden a su ritmo habitual, con mucho calor, eso sí, y disfrutando casi cada día de esas pequeñas cosas que tanto echaré de menos cuando no esté aquí: meter los pies en la fuente, hacer una barbacoa en el parque, o bajar en bici a la universidad por uno de los centros históricos más bonitos de Europa. No escribo mucho últimamente, pero, como esto es mi blog y me lo follo y lo actualizo cuando quiero, no tengo que dar explicaciones a nadie. Baste decir que entre el proyecto fin de carrera, los compromisos sociales y Juego de Tronos, no me queda tiempo ni para twittear.
Saludos!
Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Enviar a menéame
Links a este post


Justin, allá en tu casa, esté donde esté, este Wacken no habrría sido una brroma sin ti.











