Wacken. Un pueblecito del casi danés land de Schleswig-Holstein, de menos de 2000 habitantes y que debería no ser más conocido que los que tiene alrededor. Sin embargo, durante 4 días al año, miles de jevis (metalheads, como los llaman allí) invaden sus alrededores congregándose alrededor de la Kaaba del metal: Wacken Open Air, el festival jevimetalero más grande del mundo. Este año, hemos sido 75000 asistentes en un recinto de unas 150 hectáreas. El apelativo de Heavy Metal Town que se aplica al pueblo le viene que ni pintado.

Llegando al sitio
Hace 20 años que el festival se celebra allí. Por supuesto que no siempre ha sido lo que es hoy día, pero desde hace unos años es un imprescindible para todo buen amante del metal que se precie. Veamos por qué.
Nada más llegar, la magnitud del tinglado sobrecoge al más escéptico. El pueblo entero está festivalizado: banderas en casas y calles, aceras valladas para organizar el tráfico humano, indicaciones desde kilómetros en la carretera…. El aparcamiento de autobuses es más grande que las estaciones de muchas ciudades y, una vez canjeada la entrada por la pulsera y la bolsa de bienvenida, accedes a una de las zonas de camping. Iban identificadas por letras, y había hasta la X. El recinto de conciertos es titánico, con 3 escenarios al aire libre y uno cubierto, rodeados de pantallas, cámaras y puestecitos de comida, bebida y tiendas. Ahí ya uno empieza a preguntarse en qué clase de demencia se ha metido.

Los tres escenarios mayores, nada más abrir el recinto
Pero es que había más: el Metal Market, un mercado de productos jevimetaleros de aproximadamente el tamaño de mi facultad; Die Wackinger, una zona vikinga-medieval en la cual habría pasado el festival entero si no hubiera tenido conciertos, con puestos de comida y productos típico-medievales, un bar en un drakkar, otro escenario, etc.; 4 campos de fútbol; un bar volante; una carpa de lucha libre; desfiles, tiendas, gente,… Es indescriptible. Es INMENSO. Pasar una tarde en el Biergarten vikingo degustando una especie de pizza tradicional con un Maßkrug de Franziskaner (de plástico, para poder luego introducirla en el recinto de conciertos) simplemente disfrutando de todo lo que por allí acontece; encontrarte media hora después de haber acampado compartiendo bebida y comida típica con suecos, finlandeses, alemanes… eso es Wacken. Encontrar camisetas de Subway to Sally por 5 euros y que te regalen flotadores de guitarra, CDs, revistas con más CDs, posavasos, panfletos,… eso es Wacken. Una pareja local incluso se casó en el escenario, por mediación del cura del pueblo.

El barro, compañero eterno del festival
Y luego los conciertos. Los conciertos en Alemania parecen ser distintos que en España. Para empezar, allí no saben hacer palmas. Cuando el líder del grupo empieza la típica ovación (“¡eh, eh, eh, eh!”) todo va bien, pero en cuanto para, ya todo el mundo se descoordina. Arrítimicos puros, estos tudescos. Conforme se desarrolla la actuación descubres que, si estás muy adelante, disfrutar del concierto se hace imposible, pues te encuentras con cientos de personas pasando por encima de tu cabeza en crowd surfing, o te ves metido en un circle pit, o peor, en un wall of death. Los bolos tradicionales españoles allí son cosa de diario. Nada arranca espontáneamente (cosas de la mentalidad alemana), sino que todas las ovaciones, coros y aplausos tienen que ser empezadas por el grupo. El volumen de los altavoces de los dos escenarios mayores hacía necesario muchas veces el uso de tapones para los oídos (he leído que se llegaron a alcanzar los 120-130 decibelios, superando el umbral del dolor), pero todo eso da igual. Cuando en mitad de un concierto en el que hay un drakkar y una pelea escenificada mientras el grupo toca, el escenario arde, te da igual. Cuando prácticamente todas las torres de luces, sonido, el escenario por encima, por debajo, por dentro, por fuera, y la gigantesca calavera colgante símbolo del festival también arden, rodeadas de fuegos artificiales, entonces sí que te da igual. Eso es heavy metal, y lo demás son tonterías.

Gamma Ray, en su injusto e inmerecido horario de las dos de la tarde…
Pararé aquí, aunque podría seguir hablando días, casi tantos como los que ha durado el festival. He descubierto grandes grupos: Schandmaul, Einherjer, Fejd, Mambo Kurt (versiones de canciones famosas con un organillo Hammond), he conocido a grandes personas y he pasado, por fin, por algo por lo que todo aficionado al metal debería pasar. Tenemos algunas fotos, las mías están aquí, las de Vicky aquí, y el resto irán saliendo.
Y reitero, no os lo perdáis el año que viene.
Auf nach Wacken, Kopp in’ Nacken!!
Saludos!