Del zodiaco, los astros, y la madre que los parió
No, no voy a hablar de que los horóscopos son una chorrada en vinagre. Cuento con que si sois lectores de este blog, o de otros de línea editorial similar, ya penséis eso. Pese a estar basados en absolutamente nada (excepto en la maña del redactor en crear un pronóstico lo suficientemente ambiguo y de interpretación lo suficientemente laxa como para que cualquiera se sienta medianamente identificado), hay gente que los encuentra decisivos y fundamentales para el rumbo de sus quehaceres diarios. Nena, que esta semana los Tauro estamos favorables en el amor pero relajados en el dinero, no debemos entablar grandes empresas si no estamos preparados y tenemos que tener cuidado al bajar las escaleras. Capricornio, Leo, Cáncer.
Lo que quizá no todos sepáis es que esas asignaciones de signos que os llevan repitiendo toda la vida no son, ni de lejos, las auténticas. El funcionamiento, la base sobre la que se fundamenta el horóscopo (¡ay! que me da la risa) es: debido a los diversos movimientos cíclicos de la Tierra, el Sol sale, cada día del año, atravesando una constelación de las 12 que forman el llamado Zodiaco: Aries, Tauro, Virgo, etc. La constelación que atravesó el Sol en el momento de tu nacimiento es tu signo zodiacal y marcará tu personalidad.
Así que tú abres cualquier periódico, porque, como decía Carl Sagan, alguien que sabía mucho de estrellas y probablemente también del Zodiaco, todo periódico americano tiene una columna diaria de astrología. ¿Cuántos tienen siquiera una columna semanal de astronomía?, abres tu periódico, digo, y te vas a la sección de Horóscopo: Libra (♎), del 23 de septiembre al 22 de octubre. Pues ya la hemos liado. Ni corto ni perezoso, abres a continuación Stellarium (un programa, junto con Celestia, que todo aficionado mínimamente a la astronomía debería tener instalado y reinstalado en su ordenador desde hace mucho tiempo), introduces tu fecha de nacimiento (cuidado, spoiler!) y…
¡Ahí va la hostia! Si resulta que soy Virgo… pues no va a ser esto tan fiable entonces (la fecha está bien puesta, pero se usa el sistema americano, el mes primero y después el día). Pero, yo creía que los Libra éramos tiernos y cariñosos y propensos al vino y las mujeres, y resulta que soy Virgo, fuertes, valerosos y dados al vegetarianismo… ¿y ahora? ¿Me dejo los chuletones?
Pues primer chasco: Nuestro signo no es el que nos dicen las tablas de toda la vida. Segundo chasco: hay trece signos del Zodiaco, no doce. Probablemente la triscaidecafobia haya influido en el olvido del pobre Ofiuco. Y, realmente, como algunas constelaciones son más extensas que otras, ni siquiera todos los periodos zodiacales son iguales. Las auténticas asignaciones son estas.
Por lo que a partir de ahora, podéis elegir entre mirar el horóscopo tradicional y el auténtico, y quedaros con el que más os guste, o no mirar ninguno, y dedicaros a aprenderos, por ejemplo, el nombre de otras doce constelaciones que no sean las susodichas. ¿O te las sabes ya?
¡Saludos!




Buenísimo el artículo, lo tenía aparcado en el gReader para leerlo detenidamente y después de hacerlo no puedo hacer otra cosa más que felicitarte.
Nunca he creído en horóscopos y ni en técnicas adivinatorias de otro tipo pero es divertido conocer como deformamos los hechos y los hacemos verdaderos, como el quitar una constelación para que no sumen 13.
Nos vemos