Caprica, la vuelta de tuerca a Battlestar Galactica
Tiene que ver con obsesiones, series. Perpetrado por Daikrieg el 28-05-2009 – Han dicho 2 cosasCaprica. La versión galáctica de Capricornio (también están Tauron, Picon, Geminon, etc.). Por fin, entre falta de tiempo y falta de información, he conseguido ver el piloto de este spin-off (¿se llaman así?) de Battlestar Galactica, probablemente una de las mejores series que he visto en mi vida, si no la mejor.
Por un lado esperando otra grandiosa historia y por otro con la inevitable sensación de que ojalá no hayan aprovechado el tirón de Galactica para seguir ganando dinero, empecé a verlo. Y no me decepcionó nada, no señor. Como era de esperar.
La portada del DVD, con mucha gente con cara de estreñidos
La acción de Caprica toma lugar 58 años antes de que se desarrollen los acontecimientos de Galactica (por supuesto, cuando hablo de Galactica, me refiero a la nueva serie de 2004, no a la original de 1978, por si hay algún despistado por ahí), 58 años antes de la caída, y arranca con la historia de dos familias, la Graystone y la Adams, capricanos unos y tauronianos otros. Bueno, los gentilicios en español tengo la licencia de inventármelos. El piloto, sin dar demasiados detalles para los que lo quieran ver, sitúa al espectador en los momentos previos a la creación definitiva de los cylon, los cuales luego provocarían que tuviéramos 4 enormes temporadas de entretenimiento. Por cierto: durante el capítulo se desvela el origen de la palabra Cylon, bastante patético para mi gusto: Cybernetic Life-Form Node. En realidad, en buena lógica, de ahí se deberían haber llamado Cylfon, pero eso sonaba demasiado a teléfono móvil de última generación, así que lo dejarían en cylon. Vamos, digo yo.
El piloto no defrauda nada a los que ya estamos acostumbrados a la buena ciencia ficción de los productores de Battlestar Galactica: la sociedad, la ciencia, la religión, y sus múltiples desencuentros y confrontaciones son el eje central de la historia, con las correspondientes, eso sí, licencias tecnológicas de turno. Al menos lo han llamado “Procesador metacognitivo” y no “Cerebro positrónico”, que ya está un poco quemado. Aunque no todo es ficción: baste ver los aerogeneradores que aparecen a las afueras de las instalaciones de investigación, los coches o el monorraíl. En este primer capítulo se empieza a adivinar de dónde han salido muchas cosas de la trama de Galactica, y los cabos se empiezan a atar, pero no hay tiempo de pensar mucho porque no debemos perdernos ni un detalle, por si acaso luego nos engañan y lo que parecía una cosa se convierte en otra.
Las diferencias entre las colonias es uno de los puntos que más me ha gustado que retomen. El desprecio de muchos capricanos a los tauronianos ya lo conocíamos, pero no sabíamos tanto de éstos últimos. Su cultura, su idioma, su manera de ver la vida comienzan a dibujarse con más claridad, anticipando lo que promete ser una serie llena de intrigas políticas, religiosas, y, en menor medida, galácticas. Que es lo que siempre me ha gustado de la ciencia ficción de verdad. Los tauronianos, por cierto, recuerdan mucho a italianos y a sus, digamos, asociaciones organizadas. De la humanidad quemada, diezmada, y sometida a presiones límite que habíamos conocido en la serie pasamos aquí a una civilización en su apogeo, en la que los límites entre lo divino y lo humano, lo real y lo ilusorio, cada vez están menos definidos. Los edificios sustituyen a las naves, pero las historias de verdad, permanecen.
Así que ahora sólo queda esperar a que continúe, esperar que no defraude (el listón marcado por su predecesora está muy alto), y de nuevo animar a todos los que no hayáis disfrutado de esa obra maestra de la televisión como es Battlestar Galactica, a que le deis una oportunidad. A poder ser, como siempre, en versión original subtitulada.
¡Saludos!
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