Kamelot, siempre Kamelot
Con cierto retraso, debido a mis múltiples y de variada naturaleza compromisos socioculturales, escribo aquí una breve reseña de lo que fue la actuación de Kamelot (y Delain, como invitados especiales) el pasado domingo en San Vicente del Raspeig (Alicante). La mayoría de las fotos son de Andrés, ya que por algún motivo ese día no eché ninguna en condiciones. Estoy perdiendo facultades…
La triste noticia de la caída de cartel de Serenity por la enfermedad de su cantante nos dejó a todos dudando sobre si habría sustituto, si tocarían los otros dos grupos más tiempo, o qué ocurriría. Al final no ocurrió nada y simplemente el show fue más corto. Ains.
Delain, aunque no lo parezca algo más que la contundente presencia de su cantante, me dejaron una impresión muy grata. Se les veía (bueno, o se la veía, porque la verdad es que era difícil mirar otra cosa que no fuera a la imponente Charlotte Wessels) contentos, que disfrutaban del concierto tanto como nosotros, a pesar de que no les conociéramos mucho. Aunque quizá disfrutar, disfrutar… el batería no parecía disfrutar mucho, dada la cara de náusea que lució durante todo el concierto.
Unos teloneros que tocaron poquito, muy bien, y que nos dejaron un gran sabor de boca para el plato fuerte de la tarde-noche (estos europeos y sus conciertos tempraneros acabarán con nosotros): Los Kamelot.
La música de Kamelot tiene esa propiedad de llenar cualquier espacio en la que se la esté escuchando, no como simple música, sino como algo casi tangible, algo que se respira, se siente y se toca. Eso pasa con un CD mp3 a 320 kbps. Ahora imaginad en directo. Los que ya los habéis visto ya lo sabéis (si os gusta tanto como a mí, claro). Los que no, no sé a lo que esperáis. No se trata de un concierto de jevi metarr. Se trata de algo más.
Ansiosos por el directo
Cierto que la voz de Roy Khan (del cual me enteré que se llama, en realidad, Roy Sætre Khantatat, algo que a mí me suena más a catalán que a Noruego, pero bueno) no estaba en su mejor momento, por muchos modelitos distintos que se pusiera durante el concierto. Cierto que la voz de la corista no era la de Simone Simons (hablando de nombres raros, ¿en qué pensaban sus padres?), ni desde luego tenía la chica en cuestión la cuarta parte de encanto que aquélla del nombre repetido. Cierto que los gilipollas que se ponen en segunda fila con sus churris abrazadas y te amenazan si se llevan algún empujón (aunque no se lo hayas dado tú), como si no supieran a lo que se exponen tan próximos al foso, te pueden agriar alguna parte del concierto. Cierto que el hermetismo del grupo y el pipa avinagrado que te suelta un “please, go away” (por favor, largaos) cuando te acercas a echar un ojo al autobús llega a molestar. Cierto que Roy pone cara de oler mierda cuando canta. Si, todo eso, os lo concedo. Pero tela.
Roy Khan en todo lo suyo
Pocos conciertos han pasado ante mí tan rápidos y a la vez tan intensos, tan emotivos y a la vez tan potentes, tan rotundos y a la vez tan plagados de matices. Ante un público más bien soso (pocos, por no decir ningún bolo, y no muchos aplausos insistentes ni coros típicos), la grandeza de lo que ocurría sobre el escenario parecía aún mayor. Toda la garra, toda la fuerza de esa música tan atmosférica (el adjetivo que, en mi opinión, mejor define al sonido del grupo), convirtieron un cinco de abril, tarde de domingo, en algo para recordar.
Roy y Anne Catrin en Pimpinella The Haunting
Sí, tenía muchas ganas de verlos y me encanta el grupo. Pero nadie ha dicho que este blog sea algo objetivo, imparcial, y crítico. You guys fucking rule.
Saludos!





Vaya, parece que no fui la única que casi mata con la mirada a las parejitas de delante. Si no váis a disfrutar un concierto y no quieres que te empujes, te vas para atrás que los oyes igual. El público sosísimo (intenté trasladarme hacia donde vi gente moverse pero esos núcleos no se daban…), la voz de Roy… no tan grandiosa como siempre, los del staff algo agrios pero qué le vamos a hacer…al final alguno me cayó simpático y todo. Con todo eso salí feliz porque me da igual en el fondo, sólo con oír su música de verdad que me lo dan todo. Yo creo que no hay adjetivo que se acerque a explicar lo que tiene Kamelot.