Caminos sociales en la UPCT

Hay cierto sector en el mundo de la arquitectura que considera que, cuando se tiene un espacio verde frente a un edificio, lo más lógico es dejarlo sin marcar ningún camino y volver dentro de un año para asfaltar aquellos por los que la gente haya pasado. Es lo que se llaman los social trails (o caminos sociales). El tema surgió, probablemente, a raíz de lo que ocurría en el campus de la universidad de Berkeley, USA, bastante importante, por cierto: los estudiantes se empeñaban en atajar en ciertos puntos del recorrido marcado, en lugar de seguir los caminos ideados para ellos por los arquitectos del lugar. La universidad de Berkeley, aún así, se gastaba el dinero en corregir esos pequeños desmanes de los alumnos, e incluso colocaba barreras para guiarlos por el buen camino, nunca mejor dicho. Hablan de ello en este enlace que atesoro desde hace un tiempo. Atentos sobre todo a cómo los alumnos se saltan sin contemplaciones las barreras arquitectónicas impuestas desde arriba.

Y dirán algunos, ¿qué hace este hablando de universidades americanas y desire paths (algo así como caminos del deseo, en español). Bien, todos los que estudien, como yo, en la UPCT, habrán comprobado que en el gran descampado de enfrente de la Muralla, el que en todos los panfletos aparece cuajado de estudiantes felices y sonrientes disfrutando como niños bajo el cálido sol primaveral y en el que luego nunca hay nadie, en ese gran descampado, tenemos uno de los caminos sociales más grandes que he visto en mi vida. Atentos a esta foto tomada con Google Earth:

Es la línea diagonal que atraviesa el césped, por si os perdéis. Impresionante, ¿eh? Es normal, teniendo en cuenta que de donde arranca es la confluencia entre la salida de la estación de autobuses, de tren, de Feve, y de uno de los barrios en el que más estudiantes viven de Cartago. Y pensarían los que diseñaron el kiosko este que íbamos a dar el enorme rodeo que supondría ir por el camino original, máxime cuando a partir de las 8 de la noche más o menos toda esa acera se empieza a plagar de damas de moral distraída y afecto negociable.

Varios años después, y a la vista de que los estudiantes no pensaban corregir tamaño dislate, el ayuntamiento ha decidido tomar cartas y acondicionar un camino (lo cual es una maravillosa idea, porque hasta ahora ir por esta senda implicaba embarrarte los pies si llovía – el coste de la pereza). Pero no aprenden, estos señores. No aprenden:

Como se aprecia (clic para ampliar), el camino marcado, en su final, se aleja del que todos usamos. Así que su tardía iniciativa quedará, una vez más, empañada por la obstinación del vulgo en hacer lo que mejor sabe hacer: ahorrar esfuerzos. Lástima que a otros les cueste tanto verlo.

¡Saludos!

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  1. En Cartagena pocos atienden a la lógica xDD

    saludos

  2. Periko dice:

    Hasta mi perro hace caminos sociales por mi jardín el muy cerdo. xD

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