Pues en efecto aquí me hallo, entero y de una pieza, de vuelta de mi periplo familiar, anual y veraniego, en esta ocasión por centroeuropa, en las maravillosas y preciosas ciudades de Viena y Praga. Daré apenas unas pinceladas de lo que ha sido este viaje, para no aburrir al lector con detalles innecesarios, dado que de estas ciudades ya está dicho todo lo que hubiera que decir; pinceladas acompañadas con las inevitables fotos de rigor. El álbum completo, convenientemente pasado por la censura para eliminar a mis parientes más directos, está aquí, en Picasa (que la cuenta flickr se me va a llenar y paso de pagar xD).
De Viena es importante saber las siguientes cosas:
-El plato típico local es el filete empanado y el san jacobo. Así, como suena. Yo también pensé que se estaban riendo de mí.
-El transporte público (metro, tranvía y bus) es realmente bueno, así que recomiendo encarecidamente sacar un abono de varios días (para los tres, bastante barato), dado que esta ciudad es de las de metro-monumento-foto, metro-monumento-foto, y así todo el rato. La tentación de subir sin billete es muy grande (a mí no me lo pidieron en ninguno de los múltiples viajes que hice, como a la mayoría de la gente), pero la sustanciosa multa echa para atrás.

Una esfinge de los jardines del Belvedere
-Prácticamente todo el mundo habla inglés. Por lo menos todos con los que me tuve que entender yo. Hasta los mendigos (aunque eso en Praga también ocurrió, cuando un mendigo nos recomendó un bar en perfecto inglés).
-El café es caro en el 100% de los sitios y bueno en el 90, así que da igual dónde te tomes uno, pero tómatelo. Con alguna tarta, a ser posible la de manzana (Apfelstrudel) o la famosa Sachertorte, (pronunciado sajertuote), aunque esta última no hace falta que la consumas en el propio hotel Sacher (dado que te sajer bien, 4.90 del ala el trocito de tarta).

Los jardines de Schönbrunn
-El Gasometer es realmente digno de ver, a pesar de que suele estar olvidado de los circuitos turísticos, así como la Hundertwasserhaus (o algo así), a.k.a. las casitas de colores.

Vista lateral de los Gasometer
-El cementerio algunos lo venden como una atracción turística, pero tampoco es para tanto. Las tumbas de Beethoven y compañía son bastante sosas (la de Mozart es mucho mejor, sin duda…).
-La Postparkasse (Caja de ahorros postal) no merece la pena ser considerada ni como edificio.
-El Schönbrunn (palacio de verano) es exactamente igual que la Granja, el palacio real, de Madrid o cualquier palacio europeo de la época que hayas podido visitar, especialmente por dentro. Los aposentos de Sisí son una completa pérdida de tiempo, es lo mismo que el Schönbrunn pero puedes ver dónde cagaba la niña.
-La Kärtnerstraße (la Trapería de Viena, salvando las distancias) es una sucesión de tiendas H&M, de bombones Mozart, y perfumerías Douglas. Vedlo y creedme.
-Mozart, Mozart y Mozart. Hasta en la sopa, Mozart.
Y de Praga nunca viene mal saber:
-Hay más españoles en agosto en Praga que en toda la región de Murcia. Pasear por la plaza del reloj astronómico es una experiencia comparable a pasear por el Corte Inglés el primer día de rebajas.

El reloj astronómico de Praga
-Los checos suelen tomar un vaso de una especie de orujo acanelado digno de probar antes de comer, y un mínimo de medio litro de cerveza con cada comida. Pedir una cerveza en Praga es sinónimo de pedir dicha cantidad; no se han descrito dosificaciones menores. En Praga no se toma café, se toma cerveza. Estudios recientes demuestran que las mujeres checas en lactancia producen cerveza en lugar de leche. Así, la palabra más útil en su idioma es pivo (cerveza), o bien la variante velke pivo (cerveza grande).
-Praga no es tan barata como te venden; el centro turístico tiene precios (pasados a euros) relativamente similares a España. Para encontrar los famosos chollos hay que alejarse bien de donde las cosas están en inglés. Cuando te tengas que entender por señas con un camarero y no sepas a ciencia cierta qué estás pidiendo hasta que te lo traigan (y ni aún así…), eso significa que estarás en un genuino bar checo. Ojo a las albóndigas, son recias.
-Los semáforos de esta ciudad están diseñados para ser cruzados por Usain Bolt. Hay que ser un valiente (o un insensato) para ir a esta ciudad en silla de ruedas. El adoquinado de las calles rompe y destroza los pies.

Desde debajo de la catedral de San Vito
-El checo es un idioma consistente en un esturreo arbitrario de letras, teniendo cada palabra al menos dos acentos. Ejemplo: Čtyři (cuatro), Dvořák (compositor local cuyo nombre verás por todas partes). Las vocales no son en absoluto necesarias. Ejemplo: Strč prst skrz krk (métete el dedo en la garganta).
-Ojo al cambio de moneda: muchos sitios anuncian tasas de cambio en principio jugosas, pero en realidad estas cifras son las de compra (prodej, creo que era) de coronas, no las de venta. El eXchange situado detrás de la plaza del reloj cambia a casi el cambio oficial, y no engaña.

El famoso edificio danzante
-El reloj astronómico hace su numerito cada hora hasta las 9 de la noche, por favor no seáis de esos que se plantan a las 10 con la cámara y se ponen a grabar absolutamente nada.
Pues hasta aquí esta, más que crónica, colección de impresiones y a la vez de recomendaciones para futuros viajeros a cualquiera de estas localidades. Estos días disminuiré aún más mi actividad bloguera debido a la recta final del proyecto, la inauguración del piso en Cartago y demás historias, pero pronto estaré de nuevo por aquí activo y a pleno rendimiento.
¡Saludos!