Nosotros, los bloggers. Los que tenemos inquietudes. Los que no nos creemos lo que vende el quiosquero o lo que sale de la pantalla. Los que gustamos de buscar las fuentes, la información veraz, sin que esté apadrinada por ningún partido político de uno u otro signo, o por ninguna empresa de uno u otro sector. Y, por encima de todo, somos un problema los que lo hacemos público.
Y no hablo de mí, porque yo soy, en términos generales bastante moderado. Hablo de los cientos de miles de bloggers que se expresan libremente. Hablo de las personas que, irritadas porque una tienda les ha tratado mal al comprar, son capaces de robarle cientos de clientes, al volcar en su espacio personal sus opiniones. Hablo de las personas que, por divertirse, son capaces de inventarse una historia en un foro y conseguir que un medio tradicional la publique sin molestarse en comprobar su veracidad. Hablo de ese molesto grano en las posaderas que le ha surgido en los últimos años a la industria tradicional de la información, el entretenimiento, y el borreguismo. Sí, el borreguismo.
Porque no interesa, no, no interesa. No interesa que la gente piense, se moleste en intentar averiguar la verdad y, lo que es peor, no se crea de buenas a primeras lo que le escupen los medios. Porque eso es peligroso. Porque crea mentalidades libres. Porque una sociedad de individuos Alfa-más no es rentable. Tiene que haber Betas, Gammas, etc. Porque si no, nadie se enriquece. Una sociedad de espíritus críticos es mucho más molesta de manejar, engañar, manipular y desplumar que una bien organizada, estructurada y parcelada por los de arriba.
Así que de eso se encargan los de siempre. Desinformando, difamando, y denunciando. Las tres D, lo podríamos llamar. El shock and awe de la vida civil. El ejemplo más palpable lo tenemos en esa sociedad gestora de dineros que tan bien nos cae a los internautas:
-Desinformando, porque no paran de quejarse allá donde les dejan de que pierden dinero, de que compartir archivos es delito, de que la mal llamada piratería está hundiendo la música, etc, cuando hay más artistas, más discos, y más conciertos que nunca.
-Difamando, porque no se cansan de llamarnos piratas, ladrones, pendejos electrónicos, en todos los medios que pueden. Ahora, que como les mires mal a ellos, te denuncian por un decimonónico derecho al honor que se antepone a la lógica y a la realidad.
-Y denunciando, bueno, eso ya es harina de otro costal, porque si una juez que ni siquiera sabe qué es un post o un comentario encuentra culpable a un empresario por las opiniones que terceras personas escribieron en su página personal, apaga y vámonos. El día menos pensado alguien escribirá moros no en mi edificio y nos meterán a todos en la cárcel por racismo. Y por no tener en cuenta a las moras, faltaría más. Ministerio de Igualdad, que ya podía igualarse a cero y despejarse…
Pero, ¿alguien hace algo? Ni siquiera nosotros hacemos algo. Sí, escribimos en nuestros blogs. Sí ,nos quejamos en el menéame y le damos puntos negativos desde nuestro cómodo sillón al que dice que trabajar 65 horas puede venir bien si hay crisis, que si la mayoría de los españoles cree en el catolicismo que los dejen en paz, y etcétera etcétera etcétera. La Europa Soviética de los veintinosécuántos nos da igual, pero la Eurocopa nos mantiene en vilo. Porque esa es otra.
Precariedad, crisis, o como coño la quieran llamar, directivas europeas propias de una dictadura, propuestas de vigilancia orwelliana de internet, y nadie, en el Mundo RealTM hace nada. Un tío mete un trozo de cuero inflao entre tres palos pintados y hay más gente y haciendo más ruido en las calles que cuando lo de Miguel Ángel Blanco. Sí, no me gusta el fútbol. Pero me gusta menos la indiferencia.
Perdonen mi pataleo, pero creo que tenemos ese derecho desde el Siglo XVI o por ahí. Y no se preocupen. Sigan mirando sus televisores. Ya habrá otros que piensen por ustedes.
¡Saludos!