De los toros, las fiestas, y las torturas
Ayer por la mañana todos los diarios (¿Todos? ¡No! En un pequeño rincón de la Galia…) abrían sus ediciones con la misma noticia: José Tomás, por lo visto un torero bastante famoso, volvió a los ruedos después de nosécuántos años y ejecutó una excelente labor. O eso dicen los entendidos. Inmediatamente se disparan los resortes: los que están a favor, los que están en contra, manos convulsionadas de contertulios reconvertidos en periodistas se agitan en direccion a otros como ellos en los programas de esta tele nuestra de garrafón, y Belén Esteban defiende con mucho salero farlopero la gitana y el torero como representantes de este país, que no se dice este país, se dice Españñia. O, al menos, es lo que se intuye en una precipitada sobremesa con la tele de fondo, a la que realmente nadie le presta mucho caso. Ningún periódico abrió el lunes reseñando la apoteósica actuación de Metallica en el Electric, y yo creo que fue más gente que al colega este. Claro que no fue el rey.
Los toros, pues. La fiesta nacional, según unos. Torturas y matanzas, según otros. Un calor de la hostia en la plaza a las cinco, según todos. Y carnaza para rellenar programas, páginas de periódico, páginas de internet, revistas, panfletos, etc. Lo de siempre. Mientras tanto, el Brent a 138 dólares y subiendo, y la patronal de los transportistas amenazando con dejar al país sin suministros. Pero de lo que habla todo el mundo es de las 4 orejas de José Tomás. No de las suyas, se entiende, sino de las que cortó.
¿Y dónde me posiciono yo? Pues ni en un lado ni en otro, sino en medio. Yo entiendo que hay mucha gente a la que le gusta el toreo, a fin de cuentas es algo con salero, arraigado en la tradición de la España más castiza, y, seamos serios, un hombre se juega la vida cada vez que se planta delante de un mamotreto de esos con cuernos. Y también entiendo que haya mucha gente a la que le repugne el toreo, a fin de cuentas el ver a un bicho agonizante, torturado poco a poco hasta la muerte para jolgorio y regocijo de los señoritos que puedan pagar una entrada, no es muy agradable desde mi punto de vista.
Y luego empiezas a buscar por internet y te empiezan a llegar correos de esos Fwd: Qué fuerte de que si al toro, antes de torearlo, le afeitan los cuernos, le ponen vaselina en los ojos para que no vea (Qué grima, por diox!), le meten un palo por el culo y dan vueltas, y no sé qué mil cosas más, que uno no termina de creérselas del todo, pero algo queda. Y un montón de americanos desnudos con cuernecitos en la cabeza manifestándose en nombre de una organización con un nombre del que nadie les avisó, por lo visto, que en español (o castellano, como prefieran), suena bastante mal.
Como omnívoro que soy, aunque con cierta tendencia hacia el carnivorismo, no encuentro reprobable moralmente la muerte de animales con fines gastronómicos. De hecho, el vegetarianismo me parece contra natura, y sobre todo el vegetarianismo moral, pero esa es otra historia. Y tampoco veo con malos ojos el celebrar la muerte de un animal, siempre que después con su carne se hagan filetes, ni que el ejecutor, en lugar de ser una escopeta (o lo que quiera que se emplee), sea un fino sable de manos de un solo hombre. Pero ahí acaba lo que no veo mal. Pinchar al morlaco continuamente en el costado, bien con pequeños pinchitos, bien con pinchitos gordos y a caballo. El porcentaje de veracidad que se halle en esas historias truculentas de toros maltratados antes de salir al ruedo, sea el que sea. La competencia desleal, vaya.
Cojan al toro del establo y pónganlo en una plaza, con un hombre delante, con capote y espada. Y dejen que tenga una muerte digna, honrosa, celebrada, e incluso artística, si se ponen. Y hagan filetes con su carne. Pero jueguen limpio. No lo pinchen a mitad. No lo torturen antes o durante el show. Pocos de nosotros podemos decir que el rey irá a presenciar nuestra muerte, pero igualmente a pocos de nosotros nos clavarán pinchos de colorines antes de morir.
Sólo un hombre delante del toro, con una espada. Sin ayudas. Y sin trampas. Entonces sí que iré a los toros. Cuando la muerte del toro sea digna. Y cuando el que esté delante de él, se juegue la vida, de verdad de la buena.
De otra manera, es como tirar cristianos a los leones. Si es que se puede decir cristiano en este país.
¡Saludos!



La muerte de un animal con una espada pocas veces será digna, pero vamos…
Yo las corridas de toros pienso que les gustan a unos cuantos que en el fondo tienen mentes enfermizas y disfrutan con el morbo de ver el animal agonizar..
Evidentemente pienso que comer carne está bien, pero putear al animal, nanai. Es más, cuando el toro coge al torero por banda con los cuernos y lo ensarta cual gorrino, disfruto viéndolo, y pienso o digo en voz alta “Te jodes, no me das ni puta pena cabrón. Te tendría que haber matao.”
porque no se`puede torear un toro sin hacerle daño respentando y guardando que no sea m,altratado incluso dejandolo descansar entonces entenderia la fiesta nacional como decen toreo bonito sin masagrar pero no pinchando ni matando de esa forma tan orrible como lo hacen me gustan los recortadores por ejempl me gustan los forcados por ejemplo pues tu te arriesgas el toro te da espectaculo si es lo que quieres que mas quieres porque se maltrata hay que respetarlo no hacerle sufrir pues bastante sufriria siquicamente pues tambien les pasa al verse ante todo la chusma pues no se puesde calificar de otrA COSA pues en el toreo hay cosas bonitas hay arte es verdad pero el arte no se desarroya matando a ese animal que ye ayuda a esa aficion que tu tienes te lo digo ati torero que te crees todo pero no eres nada cuando le haces eso e esos animales haber si te cojen los canivales y te comes tambien ellos te diran que su cultura mientras te esten cocinando haber si lo comparas con nuestra cultura animo a la gente que se pronuncia sobre esos cimenes tan orrendos un saludo vida para los animales y que se maten los asesinos entre ellos esas si las organizaga yto bien agusto