La última noche del año
La última noche del año, comúnmente conocida como Nochevieja, me toca los huevos. Me pone de muy mala sangre. Cada año, cuando se acercan estas fechas, me pongo de peor humor, porque empieza el consabido dilema del qué hacer. Como si fuera obligatorio hacer algo. Esa noche parece justificado pagar un dineral por beber una supuesta barra libre de garrafón que nunca se aprovecha, parece justificado que los sitios normalmente llenísimos estén imposibles, parece justificado gastarse euros y euros en estrenar ropa, parece justificado meterte en sitios donde en tu sano juicio jamás habrías entrado (y menos pagando), y parece justificado planearla con meses de antelación.
¿Por qué? ¿Qué tiene de especial? Vale, es la última noche del año, pero ¿y qué? El paso del día 31 al 1 de enero es exactamente igual que el del 29 al 30, que el del 1 al 2, lo único que diferencia esa noche de cualquier otra es que al día siguiente se descuelga el calendario para cambiarlo por otro una cifra mayor. El que lo use, no seré yo. Pero, a pesar de ello, parece probado que una consecuencia de dicho evento es la obligación de beber todo el alcohol metílico que tolere el organismo, quizá para amortizar las doce o trece mil pesetas que se dejan algunos (dicho en euros no parece tanto, ¿eh?), quizá por ahogar de alguna lastimosa manera la realidad: otro año empieza, y todo sigue igual.
Venga, hombre. Nochevieja, como toda la Comerciavidad (Recordemos que Navidad es, única y exclusivamente, el 25 de diciembre; por aquello de que los paganos no celebraran el solsticio de Invierno, a alguien se le ocurrió asignarle ese día), sólo beneficia a una serie de personas: las que se enriquecen con nosotros, humildes y viles consumidores. Maldita Navidad.
Después, en la Nochevieja, nos ponemos hasta el gorro,
desahoga tu frustración, hoy todo está permitido.Le meto mano a esa chica, a ese le pego un sopapo…
¡Qué divertido soy!
¡Saludos!



Si se ve desde ese cariz todas las noches son iguales a todas las noches. Las cosas hay que tomárselas como lo que son: una vil excusa para hacer el pardo y pasárselo bien.
Sin duda alguna, de ningún modo hay que tomarse las cosas ASÍ. Cualquier excusa es buena para hacer el pardo y meterse alcohol. ¿Tu cumpleaños? Pues otra noche más, sólo un número, pero lo celebras igualmente con entusiasmo y te parece una buena excusa para hacer un esfuerzo en montar algo decente o comprar botellas de alcohol duro.
Si lo prefieres, para Nochevieja, podemos hacer botelleo en los Pájaros, ir para el Ruta para tomarnos unas, luego pasarnos por la Boca del lobo “a ver si ponen buena música” y luego los ebrios irnos para Mariano Rojas y los sobrios para casa. ¡Ya verás qué bien nos lo pasábamos! No seais aguafiestas y no os calentéis la cabeza.. Nochevieja no deja de ser una excusa para hacer algo y si es diferente MEJOR.
Saludos.
sabes perfectamente daikrieg k lo k dice gorzas es verdad. De todas formas siempre puede uno quedarse en su casa y acostarse como si fuera un día cualquiera..
Agh, iros todos por ahí.
42 €… Menudo dolor…
oye, ke no te hemos pegado el palo…nadie te ha obligado a venirte, es más, pa ke te vienes? yo no te kiero ver…xD