El futuro del papel
Tiene que ver con fotos, obsesiones, reflexiones. Perpetrado por Daikrieg el 31-12-2007 – Han dicho 6 cosasHoy por hoy, esto es comúnmente aceptado por la mayoría de los mortales (excepto por unos cuantos):
Elaboración propia en base a dos fotos encontradas en flickr, se publica bajo CC by-sa.
Parece claro que, si bien el continente tiene una determinada importancia, no justifica la sumisión del contenido, y que nadie (excepto los cuatro talibán del CD comprado con su caja y su libreto) se muere por no tener físicamente el último disco de su artista favorito. Y si no, que se lo digan a Radiohead.
El presente y futuro inmediato de la música está bastante claro, pero el problema que se nos plantea ahora es ¿qué hay de los libros? A mí me encanta leer, como a un condenado, pero el hecho de que, para leer cómodamente un libro tenga o que comprármelo (a precios muchas veces abusivos), o bien patearme la ciudad para ir a la Biblioteca Regional (a 3 km de mi casa, tardo menos andando que en transporte público), hacen que muchas veces aparque un poco este placer por otros más inmediatos y accesibles. Hace falta un iPod de los libros. Ya algunos han empezado a despuntar (como el Sony Reader o el Amazon Kindle), pero no acaban de cuajar entre las masas. Son tecnologías nuevas, aún no se aprovechan bien, son dispositivos caros, pero, como he defendido hoy, en la mesa familiar ante un plato de buen cocido, tiempo al tiempo. Y poco tiempo hasta que una colección de miles de volúmenes pueda almacenarse en un dispositivo del tamaño de una uña. Poco tiempo hasta que (y por esto es por lo que ha salido el tema hoy en la comida) los músicos de toda una orquesta descarguen, desde sus atriles digitales conectados en red, las digitaciones, arcos y sincronizaciones desde el atril maestro del director de la orquesta, ahorrándose la clásica estampa del músico atiborrado de partituras pintarrajeadas una y otra vez. Y es que mi hermano (que, por cierto, no hace mucho se ha unido a la OJRM), defiende el papel porque “no hay nada que lo pueda sustituir en condiciones”. Y efectivamente, a día de hoy no hay. Pero esperen 5 ó 10 años.
Unos pocos años y todo esto cabrá en un bolsillo…
Y es que las ventajas están claras: para empezar, abrir la posibilidad a CUALQUIERA de ser editado y leído en todas partes con la comodidad de la distribución por internet, sin depender de casas editoriales (más preocupadas en sacar todas las novelas y ucronías pseudohistóricas que puedan con las palabras códice, templario, etc en el título que en descubrir literatura de calidad), ya que en manos de todos está el poder ser autor de un documento o un pdf sin gastarnos un duro. Después, por todos es sabido que árboles, sobrar, no sobran, y aunque efectivamente un dispositivo como el que yo quiero y espero gasta energía, es más fácil y limpio hoy por hoy producir electricidad que recuperar masas forestales. Eso por no hablar de la comodidad de poder transportar en un solo cacharro toda la literatura que necesites: el libro para leer en el tren o en el WC, los apuntes de la universidad o el colegio, el proyecto que has de presentar, las partituras en que estás trabajando… Combinado con una tecnología de enlace wi-fi, o lo que esté por venir, cualquier ciudadano podrá acceder a las bibliotecas y leer lo que quiera, cuando quiera, y como quiera.
Las ventajas son tantas que me falta espacio para enumerarlas, pero no hace falta mucha imaginación para continuar la lista arriba empezada. ¿A qué precio está el metro cuadrado de vivienda en mi zona? Pongamos 2000 euros. Una estantería como la que cubre una pared entera del despacho de mi casa ocupa fácilmente 1.5 ó 2 metros cuadrados, por lo que tener la biblioteca en papel ha hecho perder a mi familia alrededor del medio millón de pesetas (evidentemente este es un cálculo muy rápido y antenatresil, pero se me ha antojado gracioso). No quiero imaginarme la extensión que abarca la palabra escrita en casa de mi buen amigo Rómulo, pero todos esos libros, amén de espacio, acumulan polvo, y hay que limpiarlos o, cuanto menos, hojearlos, periódicamente.
Así que yo sigo esperando con ilusión, looking forward to, como dicen los ingleses, al dispositivo que ponga fin al papel. Con la calidad de lectura suficiente, que no dañe los ojos ni estropee la experiencia de abrazar un cartoné arrellanado en el sofá, en el que se pueda escribir y marcar cada obra, con conexión a la red y almacenamiento externo, y con un precio popular. Es difícil, pero yo tengo fe en ello. Aún estoy en tercero, así que no creo que sea yo el que lo invente, pero tiempo al tiempo.
¡Saludos! Y, aprovechando que hoy es el día que es, feliz… bueno, da igual.
Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Enviar a menéame
Links a este post




